Helena Ignez, la mujer de sí misma

 

Por Ana Oneda*

 

Un hombre hace dedo en la carretera. Una mujer, rubia y linda, va manejando el auto y cantando sola. Lo ve, lo invita a entrar. “¿Crees en Dios?”, pregunta ella. “¿Me acompañarías a la Isla de los Placeres?”, arriesga, invitándolo a un supuesto paraíso. La sonrisa de Angela Carne y Hueso basta para entender que allí no hay inocencia ni divinidad. “El weekend de un mediocre y una vampira histérica”, profiere el narrador en off. Otra presa en su jaula.

En la película La mujer de todos (Rogério Sganzerla, 1969), Helena Ignez es Angela Carne y Hueso. Una mujer alfa, “vampira”, que empieza por morder la carne y devora el cuerpo entero. Viéndola, deseo transformarme en ella. Fuma puros como una big boss, se aprovecha de todos los que cruzan su camino, mientras busca alguien que la acompañe a la Isla de los Placeres. Más que su belleza física, atrae su soltura, su verdad al decir mentiras, su capacidad de transformar el hábitat machista a su favor. A ella no le interesan los bacanes porque son muy complicados: se aprovecha del lado imbécil del hombre, lo expone y se burla de él.

 “Siempre esperé de los hombres un cuchillazo por la espalda”. ¿Cómo es una mujer libre? Para mí, es tener espacio para expresarse, equivocarse, experimentar consigo misma. En Brasil, uno de los íconos de la libertad femenina ha sido Helena. Su persona se ve reflejada en las películas que ha hecho, como actriz y como directora. Sus personajes son de vanguardia no solo por la época en que están grabadas (gran parte en plena dictadura), también por la fuerza que dan al papel femenino brasilero, hasta entonces dedicado a musas seductoras y condescendientes.

“Te hacen musa para callarte”, dijo Helena en una entrevista. Por ello siempre negó ser musa, pero sí un personaje mujer, consciente de su belleza tanto como de su capacidad expresiva, más allá de las apariencias. A través de decenas de películas en las que ha actuado, principalmente en la época de los años 50 a los 70, la actriz fue dominando su camino y marcando un nuevo estilo para la mujer en el cine sudamericano. Así, junto con su marido Rogério Sganzerla y con Julio Bressane, creadores de la productora Bel-Air, revolucionaron el cine brasileño como si fuera un aullido libertario y experimental.

En cinco meses, el grupo hizo películas que marcaron la cara del Cinema Marginal, como Copacabana Mon Amour (1970) y Barão Olavo, o horrível (1970). Filmadas con bajo presupuesto y guiones abiertos a la improvisación, estas películas trataban, además, de temas transgresores en el cine de ese momento: la libido, el bisexualismo, la violencia intrafamiliar, el aborto… más allá de política, lo marginal es lo real, lo humano, lo que pasa alrededor.

 

“Me dicen loca, histérica, no sé qué… pero soy una mujer normal”. Eso lo podría haber dicho yo, o cualquier otra. Angela Carne y Hueso es la imagen de lo que toda mujer es por dentro. Dudo de la que diga que no es cierto. Inyecta independencia, coraje y poder. Helena Ignez confirma que este es su personaje preferido por la libertad que tuvo en la actuación. Esa era la principal característica del Cinema Marginal: lo experimental, lo raro, lo exagerado, el no detenerse en la perfección de los detalles.

 “Ultra poderosa enemiga número uno de los hombres”. Es destacable también el hecho de que en el Cinema Marginal la mujer siempre tiene un papel central, dominante y tomadora de decisiones. El hombre queda en segundo plano, limitado a papeles tontos o dependientes. Esa superioridad femenina es, por suerte, naturalmente interpretada por Helena y sus compañeras, como Lilian Lemmertz en Copacabana Mon Amour (1970). En esa película, Helena fue la prostituta independiente Sonia Silk, perseguida por un Exú, que vivía en la periferia y tenía asco a los pobres. En A família do barulho (1970), fue una jefa de hogar casada con dos homosexuales que no aportaban en nada. En En O bandido da luz Vermelha (1968) fue mujer de un criminal, teniendo una función decisiva en el futuro de éste al entregar, por venganza, su ubicación a la policía.

Con diversidad y constancia a la vez, Helena fue esencial para crear un paso sólido a la mujer en el Cinema Brasileño en una época de represión política y cultural. Hoy, como directora de cine, sigue trabajando bajo una evolución del concepto excéntrico de lo Marginal. La última película que lanzó fue A moça do calendário (2018), que cuenta sobre un mecánico (y doble de bailarín) que tiene una pasión platónica por la chica retratada en el calendario de su taller. El guion es de Helena, adaptado de una idea original de Rogerio Sganzerla.

“Mi pasión por ti crece de 13 en 13 minutos”. Angela Carne y Hueso pone a sus amantes en un ranking. A cada uno le confiesa que se enamora más rápido que al otro. Un engaño, un arma de seducción que los deja inadvertidos: de ellos solo quiere el sudor, el placer. No los necesita para nada más.

 

*Ana Oneda (Santa Catarina, 1991). Es periodista graduada en Brasil y traductora. Escribe crónicas, ensayos y reseñas. Ha participado del taller de Ensayos con Matias Rivas (2018), de Crónicas con Roberto Merino (2019) y de composición de obra con Gabriel Zanetti (2019).

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