Sobre «No le pongamos nombre a lo nuestro»

¿Podría alguien decir qué pensamos cuando leemos un libro de poesía? Yo personalmente, recuerdo los acercamientos iniciales: la frustración de no entender la métrica, odiar la rima, colapsar ante tantas metáforas y recursos retóricos. Recuerdo también, distraerme en clase del alabado Siglo de Oro y la lectura en voz alta del poema del Mio Cid. Peor aún: recuerdo ese primer encuentro, obligatorio y tenebroso con la  sobrevalorada “hoja en blanco”. El resultado, un poema tímido, de 5 versos. Quise pensar que era un haikú, pero no, en realidad eran palabras herméticas que nadie entendió.

No le pongamos nombre a lo nuestro (Argentina-Chile, 2018), poemario escrito por Sofía Vaisman, ante todo, y a diferencia de mis primeras experiencias, sitúa a sus lectores. Se podría decir que es una invitación a un mundo poético que se instala desde detalles cotidianos. Es por eso que recomiendo no quedarse con primeras lecturas y prejuicios: No le pongamos nombre a lo nuestro no es un poemario sombrío. En realidad, los poemas de Sofía no nos hablan de desamor ni de desaliento, sino de la búsqueda constante que significa el goce de un cuerpo con otro.

Leo estos poemas y la imagen del cuerpo, y su desplazamiento, aparece una y otra vez. Esta corporalidad se muestra en distintas figuras: frutas (cerezos, naranjos), partes del cuerpo (piernas, labios, pezón), vestimenta (blusas), verbos de movimiento (envolver, buscar, balancear), entre otras cosas. Y es que en el poemario, hablan los cuerpos desde la sutileza del traslado: “como mis palmas sobre tus hombros” (p12). Todos estos elementos, transitan y existen porque intercambian un sentir en común, ya que el acto de desplazamiento y goce es reiterativo. Hay señales también, que aparecen a modo de pequeños indicios entre la comunicación de estos cuerpos: imágenes como espalda-temblor y curva-goteo, por ejemplo, se construyen sobre un imaginario entre lo material (el cuerpo) y lo perceptivo.

Pero, ¿De dónde aparece la necesidad de crear estos indicios corporales en una cotidianidad del lenguaje? Puede ser que nazcan como una huella desde la negación que implica no querer nombrar o nominalizar la relación que existe entre los múltiples cuerpos del poemario; al titular este libro “No le pongamos nombre a lo nuestro”, me atrevo a decir que Sofía Vaisman tiene como objetivo evitar que todo este sentir colectivo, y por lo tanto universal, se categorice en palabras. Y es que el vaivén y movimiento,  se manifiestan desde un constante goce de una materialidad subjetiva que, simplemente, “podría no enfriarse hasta evaporarse del todo // dejar huella” (p41).

 

 

 

Libro disponible en:

Librería Proyección, San Francisco 51, Santiago

Librería Concreto Azul, Cumming 94-B, Valparaíso

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